Teatro El Castillo

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Vv Imagen 2SINOPSIS

Hoy hay examen de lengua, cae el Quijote; algunos de los alumnos han decidido llenar el aula donde ha de desarrollarse la prueba de papel higiénico, quieren cubrir de parte a parte el espacio con este material para celebrar algo que no descubriremos hasta el final de la función.Vv Imagen 1

Papel es una pieza de teatro que, mediante una narrativa no lineal, invita al espectador a mantenerse activo ante los hechos que presencia. Un universo de personajes traza el mapa de comportamientos que tienden a darse ante una problemática con tantas aristas como el acoso escolar. Esta propuesta incide en que el público participe del viaje que se da en la obra, para que, de algún modo, adopte los distintos roles como si fueran actores. De esta manera, se propiciará un debate posterior. Aquí no nos centraremos en la figura del acosado, como quizá hayamos visto antes, y sí en la de la familia, la de los acosadores y sus distintos entornos, sus amistades, favoreciendo el que el público trace una línea de puntos que les conduzca a sus propias conclusiones. Quizá nos veamos reflejados en algunos de los comportamientos, quizá los reconozcamos por cercanos, o quizá los observemos con la extrañeza de la distancia. En cualquiera de estos casos, Papel servirá como sugerencia teatral para la reflexión.

 

NOTAS DEL AUTOR

Acoso escolar y teatro

La adolescencia según el diccionario de la Real Academia es el“período de la vida humana que sigue a la niñez y precede a la juventud”, algo que bien se puede leer como “tierra de nadie”, no en vano sigue y precede. Ser adolescente se interpreta como un periodo de cambios corporales, psicológicos y sociales y es, como todo cambio, como toda mudanza, un traslado entre dos puntos, un terreno contingente en el que se sabe de donde se viene pero no a dónde se va y que, por su propia condición, resulta incómodo la mayoría de las veces. Vv Imagen 3

Al hacer teatro para un público adolescente no debería pasarse por alto la situación por la que esa audiencia está transitando. Cometemos un error muy común al tratar con este grupo de edad, y es el de la condescendencia; todos los mensajes que se les dan, al menos una grandísima mayoría, se hacen desde un prisma adulto pero no útil. No se les habla de tú a tú, sino como a seres a los que se reconoce como menores, o si se quiere, desde un destacado sentimiento de superioridad. Este improductivo poder se detecta en que se les suele dar todo masticado, no se les invita a la reflexión que precede a la acción, directamente se les marcan pautas, directrices a seguir, pero no las herramientas para generar las suyas propias. Son seres capaces, o deberían serlo, pero no se les reconoce como competentes para responsabilizarse de sus propias decisiones. Yendo más allá, cabría la duda, en aquellos individuos que no fueran responsables –desde nuestro subjetivo punto de vista, claro-, de si deberíamos fomentarles esas habilidades sociales en vez de prorrogar una censura improductiva. Comprobemos si es que realmente no pueden o si, en realidad, lo hemos dado por hecho. Esto último, por qué negarlo, es para nosotros los adultos una postura muchísimo más cómoda. Todo estriba en la diferencia entre razonar con un individuo o inocularle moralina.  

Un fenómeno en redes que encarna esta problemática a la perfección es el de los youtubers. La descripción general es sencilla: gente joven –generalmente en el primer lustro de la veintena- que se dedica a colgar vídeos con regularidad periódica en la red, en los que narran sus gustos, aficiones e inquietudes, cuentan historias, critican, fabrican e inventan. Multitud de adolescentes, sin exagerar un ápice, millones, les siguen, viralizan sus vídeos y hacen suyas sus propuestas. Esta es la descripción, la explicación de su éxito quizá es algo más complicada. Es un  hito que está pillando por sorpresa al mundo adulto y al que éste mira con recelo y menosprecio. Esto ilustra a la perfección esa brecha generacional aparentemente insalvable. No se puede escapar supuestamente del “Eso es una tontería”. Pero ¿y si no lo fuera? Es que desde el momento en que millones de adolescentes se identifican con la verborrea y en muchos casos procacidad de los youtubers, no deberíamos subestimar el fenómeno y sí acercarnos a él si queremos comprenderlo. En términos sin desbastar: acercarnos al adolescente con su lenguaje. Vv imagen 4 

Este escrito se titula Acoso escolar y teatro, y sé que hasta el momento no he empleado una palabra en abordar ese problema. La razón es muy sencilla, quiero destacar y centrarme, antes que tratar el tema que nuestra obra va a desarrollar, en encontrar la forma para que éste mensaje llegue de un modo eficaz y no impositivo. Queremos invitar a nuestro público, en este caso adolescente, a participar de una experiencia teatral que les ayude a desarrollar su espíritu crítico. Este y no otro es el objetivo que nos hemos marcado. Lo facilita que justo es en la franja comprendida entre los doce y los dieciséis años cuando da comienzo el desarrollo del pensamiento abstracto, que permite distanciarse de la realidad inmediata para juzgarla a partir de lo que podría ser, de la metáfora, de imaginar otras posibilidades además de las que pueden palparse en la vida real para solucionar problemas que se dan en ésta. Esto es precisamente lo que el teatro promueve desde que existe. Abordar la realidad desde la alegoría. En este caso una metáfora que les ha de resultar cercana puesto que nos serviremos del lenguaje fragmentado de la red, de la edición cáustica y veloz de los videos que cuelgan los youtubers y que les son tan familiares. No descubro nada si digo que el acoso escolar es un problema candente y difícil de atajar, eso lo sabemos. Vv imagen 5Para muchos adolescentes, los espacios de enseñanza se han convertido en la fuente de una violencia de la que son víctimas y que ejercen sus propios compañeros. Queremos proponerle a nuestro público que piense sobre ello, a víctimas y también a verdugos, sin estigmatizarlos y no con términos sociológicos ni con acercamientos condescendientes. Hemos de intentar jugar en su terreno. Sobre este eje va a girar el texto y la puesta en escena.

 Acercándonos a este lenguaje propondremos un campo de reflexión, trataremos de sembrar en ellos la inquietud de generar sus propios instrumentos que prevengan posibles situaciones de acoso y, en última instancia, que se generen espacios de diálogo en los que los adolescentes puedan compartir sus experiencias.

 

Jose Padilla

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